Desde tiempos inmemoriales, se sabe que la música puede ser un calmante natural. En este sentido, la ciencia descubrió que tiene la capacidad de combatir el insomnio, reducir la ansiedad, ayudar a aprender nuevos idiomas y hasta generar el mismo placer que el sexo.

Ahora, un nuevo estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Plymouth, reveló que puede ayudar a las personas con demencia, aquellos que padecen de autismo y a los que sufrieron un infarto, a mejorar sus habilidades comunicativas.

“Lo que hemos demostrado es que la música puede dar una nueva voz a la gente, les permite explorar su creatividad, así como la comunicación, tanto del placer como en el dolor”, explicó el investigador principal de dicho estudio, Jocey Quinn.

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Además, Quinn manifestó que tanto escuchar música como practicar el dominio de algún instrumento musical, puede permitir que los cuidadores y familiares puedan ver el potencial del individuo, especialmente en niños.

“La identidad de una persona puede volver a surgir con la música, aun cuando habían pensado que se había perdido”, señaló el experto.

Desarrollo del estudio

Para llegar a estas conclusiones hicieron participar a 25 personas con dificultades para comunicarse de manera verbal en sesiones musicales a lo largo de 16 meses, que incluyeron 30 talleres de creación y 4 focus group.

Asimismo, los investigadores entrevistaron a 44 miembros de la familia acerca de sus experiencias musicales. Los científicos sostuvieron que las sesiones regulares impulsaron la capacidad de comunicarse tanto con otros enfermos como con personas sanas.

Por su parte, Debbie Geraghty, directora ejecutiva de la organización benéfica Plymouth Music Zone, quien además participó en el estudio, comentó: “Esta investigación arroja mucha luz sobre el impacto de la música, tanto en lo personal como en los social. Como también sobre el uso de la música para lograr esos cambios”.