Ahora mismo hay aproximadamente un trillón de bacterias en tu dermis. No te preocupes, ¡es bueno! Crean un ecosistema llamado microbioma, que hace que tu cutis esté contento y sano.

Sin embargo, actualmente nuestra obsesión con estar súper limpias y libres de gérmenes, junto con otros factores como los rayos UVA, la contaminación y medicinas tópicas, puede reducir o incrementar la cantidad de ciertos gérmenes, causando enormes daños en tu piel.

En este sentido, los números no son lo único que importa: la diversidad (tener variedad de microbios) es crucial. Existen investigaciones que han relacionado los cambios en el microbioma a problemas inflamatorios, como eczema, psoriasis, rosácea y acné.

Para asegurarte de que tu rutina de limpieza ayude y no haga daño, continúa estos tres pasos:

Lava con cuidado

Los jabones con agentes limpiadores fuertes, como sulfatos, pueden crear un desnivel de bacterias. Busca opciones más suaves, con términos como soap-free o milk. Además, lavarte la cara con frecuencia también puede afectar al microbioma, así que en la mañana sólo enjuágate con agua.

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Huméctate a menudo

Un rostro seco favorece el crecimiento de bacterias invasivas. Uno hidratado, por otra parte, ayuda a proteger la barrera física y a mantener un microbioma sano.

Mejor escenario: un humectante que contenga ceramidas y niacinamida. “Las cremas hidratantes ofrecen comida para que las bacterias buenas crezcan”, explica el dermatólogo Adam Friedman.

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Estrategias

Los procedimientos tradicionales contra el acné, como el peróxido de benzoilo, no distinguen la diferencia entre las bacterias malas y buenas. “Matar todo no es la respuesta”, dice el Dr. Friedman.

La solución: utilizar mascarillas que no resecarán tu piel y ayudarán a tus bacterias buenas a luchar contra el acné.