En la última década Bolivia rompió con un paradigma político en una sociedad machista por excelencia, a través de un política de paridad y alternancia en el poder favoreciendo a la presencia de la mujer en un promedio del 50 por ciento en los cargos de elección popular en la Asamblea Legislativa, asambleas departamentales, concejos municipales, el Organo Electoral y el Organo de Justicia, pero no en el Poder Ejecutivo, donde es decisión constitucional recae en el presidente de designar a sus colaboradores.

“Bolivia es el segundo país del mundo que logró alcanzar la equidad de género en el ámbito político, después de Ruanda, según un informe presentado en 2017 por la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer (ONU Mujeres) y la Unión Interparlamentaria (UIP)”.

“Además, ese informe señala que Bolivia cuenta con el 53,1 por ciento de los puestos ocupados por mujeres en el Poder Legislativo (69 de 130) y Cuba con el 48,9 (299 de 612), sólo superados por Ruanda, con el 61,3 (49 de 80)”.

Analistas políticos valoran la importancia de los avances obtenidos en el marco normativo a favor del ejercicio de la participación política de las mujeres, cuyo protagonismo femenino coloca a Bolivia a la vanguardia de la paridad de género en América Latina. Sin embargo, consideran que no basta con los avances en terminos de presencia númerica, sino de la calidad de esa participación en temas de gestión pública, en accionar político y en la transformación del Estado.

Un obstaculo a vencer, son aquellos elementos conservadores, machistas y excluyentes en la política, todo un desafio que requiere de un proceso de cambio conductual en la cultura política y en la educación para un mayor empoderamiento de la mujer. Grupos feministas reclaman el fin de la hegemonía machista, exponen que su predominio no da lugar a un autónomo de la mujer en la política en detrimento del libre pensamiento, el poder en la toma de decisiones y en verdadera apertura a nuevos liderazgos.

Piden el apoyo del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para profundizar cambios en la estructura machista predominante en los partidos políticos. Si bien es cierto, que se avanzó en visibilizar a las mujeres con mayores espacios de participación política, pero con poca influencia ante el sometimiento de las estructuras estatales y políticas diseñadas para el dominio masculino.

La senadora oficialista Nélida Sifuentes, reconoció que en Bolivia se ha promovido “poco” la formación de liderazgos, por tanto, propuso como reto la formación de lideresas en lo político. La legisladora oficialista considera que el desafío “mayor” está en la “despatriarcalización del Estado”, diseñado para el dominio masculino.