Alfie Evans, el bebé británico de apenas 23 meses que murió este sábado en la madrugada, producto de una enfermedad incurable, dejó un precedente en Reino Unido por la controversia de su caso, ya que fue desconectado el pasado lunes del  respirador artificial  que lo mantenía con vida.

“Mi gladiador dejó su escudo y desplegó sus alas… (Tengo) el corazón completamente destrozado”, escribió su padre Tom Evans en su cuenta en la red social Facebook.

Semanas antes de que el bebé fuera desconectado sus padres emprendieron acciones legales contra la decisión del Tribunal Superior de Justicia británico, que autorizó al hospital donde se encontraba internado el niño desconectar el respirador artificial que lo mantenía con vida.

Historia de Alfie Evans

El bebé nació en mayo de 2016 es hijo de Tom Evans de 21 años y Kate James de 20;   fue ingresado por primera vez al hospital Alder Hey Children en diciembre de ese mismo año después de que sufriera convulsiones.

Desde entonces el pequeño Evans fue paciente de la institución, en donde permaneció en estado semivegetativo por más de un año.

Evans y James,  querían llevarlo a un hospital en Italia con la esperanza de encontrar una cura, pero los médicos se opusieron a esta decisión, argumentando que continuar tratando al niño no era lo mejor para él.

El miércoles de la semana pasada, un Tribunal de Apelaciones de Reino Unido había rechazado el segundo pedido de la pareja para trasladar al bebé a Roma, para ser atendido en el Hospital Bambino Gesu, y el el Tribunal Supremo del Reino Unido accedió la semana pasada al hospital Alder Hey de Liverpool (Inglaterra) para desintubar al bebé quien finalmente falleció a las 2:30 de la madrugada hora local.

Alfie, padecía una rara dolencia progresiva que había provocado “daños catastróficos en el tejido cerebral” y ya no podía ver ni oír y tampoco tenía sentido del taco o el gusto, según los médicos tratatantes.

Tras la muerte el centro médico donde estuvo recluído emitió un comunicado en el que se lee Todos nosotros lo sentimos profundamente por Alfie, Kate, Tom y toda su familia. Nuestros pensamientos están con ellos. Este ha sido un camino devastador para ellos y pedimos que su privacidad, así como la del personal del Alder Hey, sea respetada”.

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